En México existen las condiciones materiales para una movilización social de grandes dimensiones y objetivos. El grado de autonomización de la clase política, sumada a su conducta rapaz, le han colocado, hoy, no sólo de espaldas a la población, sino en franco enfrentamiento con ésta.
La clase política, ligada y subordinada hoy más que nunca a los grandes intereses capitalistas, no únicamente ha propuesto un impuesto insostenible para México (el famoso 2% "contra la pobreza", que tal vez iría muy bien en Escandinavia), sino que se ha decidido a lanzarse en contra de los ahorros de los trabajadores. Y sin consultarlos, por supuesto.
El presidente Felipe Calderón, que queda vez más claro que funge como un gerente empresarial, al servicio de los que con su dinero sostuvieron su campaña, aprovechó ayer el circo mediático formado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para proponer este nuevo robo como una medida que favorece a los trabajadores.
¿De qué estoy hablando? Ayer, el presidente (¿"presidente"?) Calderón propuso, con el desparpajo ya usual, utilizar el dinero de los trabajadores colocado en las Afores para financiar obras mixtas de infraestructura. Se dice que además estas cotizarán en la Bolsa Mexicana de Valores, lugar por demás obscuro, y que, así, serán ganancia segura para empleados y empresarios. Con esa sutil frase, Calderón pretende eliminar las contradicciones de clase que su gobierno faccioso profundiza y cataliza.
No nos engañemos. Calderón sirve a los intereses de su grupo de leales, como lo demuestra la conformación de su gabinete, y, más recientemente, el nombramiento de Arturo Chávez Chávez como Procurador General de la República. Calderón, el que prometió empleos, diagnosticó catarritos, sumió al país en una espiral del violencia que ha cobrado más vidas que la guerra de Estados Unidos en Irak. Felipe Calderón, el que llegó a la presidencia con una legitimidad precaria, y que se ha sostenido en ella con base en el fortalecimiento del aparato policiaco-militar. Felipe Calderón Hinojosa, sirviente/presidente de los ricos y poderosos, de los políticos y empresarios; guardián de sus riquezas, gerente de sus empresas. Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, la cara visible de una podredumbre que corroe las entrañas mismas de un México que agoniza.
La clase política y la alta burguesía mexicanas fomentan el sopor del pueblo mexicano. El pueblo, devenido masa, es moldeado día a día por los medios de comunicación masivos. Televisa y TvAzteca son parte importante de esa maquinaría de dominación y explotación que se impone ominosa sobre cada una de los trabajadores de este país.
Ejemplos claros de su imbricación con la clase política hay de sobra. La revista Quién, retrato sobrecargado de la clase burguesa mexicana, coloca en su portada a Carlos Salinas de Gortari, a quien le otorga el flamante título de Mr. Socialité.
Resultaría, en casi cualquier país y en casi toda situación, rídiculo hacer alusión a una revista de sociales para hablar de la clase política. En México, hoy, no lo es. Si en Estados Unidos se menciona el peso importantísimo de la campaña mercadotécnica mediática de Barack Obama en su elección como presidente, en México hemos de analizar el caso de Enrique Peña Nieto.
Mr. Socialité y Enrique Bombón Peña Nieto frecuentan eventos similares. Se muestran radiantes uno y el otro. El primero, convertido hoy en figura pública, hace perdediza su culpabilidad en asesinatos, robos millonarios, tráfico de influencias, corrupción, y otras cuantas cuestiones menores.
El segundo, convertido hoy en actor de telenovela, nos entrega día con día episodios impactantes de su trágica/heroíca historia. Guapo, carismático y viudo, es producto perfecto de consumo para las masas que observan día a día la televisión. Su vida sobrepasa cualquier guión hecho y vuelto a hacer por nuestros destacadísimos escritores telenoveleros. ¿Por qué no un hombre guapo, recto, simpático y bueno ha de encontrar el amor en los brazos de reconocida actriz de televisión? ¿Por qué no? ¿Qué acaso no le pasa eso a los buenos?
¿Qué no, también, Enrique Peña Nieto es directo responsable de la violación de derechos humanos en Atenco? ¿Qué no también Enrique Peña Nieto promovió un juicio político en contra de Ignacio del Valle, su hija América, y otros líderes sociales más?
Por supuesto, esto no puede salir en televisión, porque el galán se vería manchado, y, así, ¿quién lo va a querer consumir?
Televisa y TvAzteca no funcionan solamente como tapaderas para las corruptelas y manejos obscuros de nuestra clase política. Sirven, además, para crear historias alrededor de ellos; mitos de consumo y desecho inmediato, que resultan utílisimos para continuar aprovechándose de los beneficios, por un lado, de la publicidad, y por el otro, del erario público.
Existe una amplia coalición de explotadores conformados en maquinaria perfectamente aceitada. Juanitos y diputadas juanitas, Joaquín López Dóriga y Sergio Sarmiento. Las sanguijuelas que hoy viven de nuestro país no se ubican en un color o en otro; muchas no tienen siquiera afiliación partidista. No es, entonces, cuestión de reuniones secretas y conspiraciones complejísimas (aunque no hay por qué descartarlo). Es una razón más simple y más profunda la que les mueve: su conciencia de clase.
Lo que hoy se vive en México es claro ejemplo de que la historia no se ha terminado. No hay fin de las contradicciones. Se nos ha dicho que los intereses de Agustín Carstens, del FMI, de los Estados Unidos, de Manlio Fabio Beltrones, de Dante Delgado, de Jesús Ortega, son los mismos que los nuestros. Carlos Slim restaurando el Centro Histórico de la Ciudad de México pretende presentarse como amabilísimo filántropo, responsable multimillonario.
El cerco ideológico que se ha construido en torno nuestro debe ser roto. Sólo así lograremos ver que los intereses que mueven a los destacados personajes que arriba he mencionado no son los mismos que los nuestros. Ellos defienden su ganancia: el plusvalor. En dicha búsqueda no hay costo demasiado grande para el trabajador, para el ciudadano de a pie. Los ahorros de su vida pueden ser invertidos a discreción por un presidente de ricos. Su consumo básico se puede ver gravado, punzando en su necesidad de alimentarse, aprovechándose del hambre, lucrando con la supervivencia misma.
Atacan, además, las medidas por las cuales esa masa moldeable podría convertirse en una amenaza real. Disminuye el gobierno sistemáticamente el presupuesto para la educación superior. El Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, ha manifestado su oposición a dicha medida. Académicos de la misma Universidad, así como de otras instituciones públicas de educación superior, como el IPN, la UAM, la UACM, se suman a dicha posición.
Felipe Calderón acabó por entregar la educación pública a una mafia, dirigada por Elba Esther Gordillo. Su total desinterés por la formación estudiantil mexicana los ha llevado a modificar el plan de estudios de las primarias, haciendo del olvidar la historia una obligación. Los intereses de la clase dominante hoy tienen medidas más sofisticadas de implantación: el olvido es uno de ellos; el que olvida está condenado a repetir su historia.
Los enemigos de este país tienen nombre y apellido: Felipe Calderón, Marcelo Ebrard, Manlio Fabio Beltrones, Carlos Slim Domit, Agustín Carstens, Elba Esther Gordillo, Carlos Salinas de Gortari, Jesús Ortega, Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Azcárraga Jean, Ricardo Salinas Pliego, Enrique Peña Nieto, Genaro García Luna; son también enemigos de México aquellos que con su pluma, voz y rostro personifican el Gran Engaño en el que país se ve inmerso: Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Adela Micha, Javier Alatorre, Alejandro Villalvazo, Mariano Riva Palacio, Roberto Ruiz, Sergio Sarmiento, Héctor Aguilar Camín. La lista sigue y sigue.
No estoy llamando a su asesinato, no estoy llamando a la violencia. Hoy más que nunca hace falta que la sociedad civil se organice. Es necesario establecer estructuras de resistencia y enfrentamiento ideológico a estos grupos. Es vital, también, tomar las calles, por más que los medios de comunicación masiva se encarguen de mostrar a los que así lo hacen como bárbaros, sin jamás indagar en las razones profundas de su descontento.
Organización y desobediencia civil. México lo necesita, nuestras conciencias nos lo exigen; nuestra memoria, en este 41 aniversario del genocidio de Tlatelolco, nos lo demanda. No podemos cargar en nuestra espalda el peso de la destrucción de México. Debemos detener su desmantelamiento. Es momento de crear alianzas amplias. Trabajadores, estudiantes, burócratas. Todos son empleados por una clase dominante que cada vez los ve más como su posesión, que expropia su derecho a un futuro, a un empleo, a una casa, al alimento, a la vida digna.
Hay que tenderle la mano hermana a los pueblos indígenas de este país. Basta ya de querer transformarlos en mestizos, de querer hacerlos "mexicanos a modo". No es suficiente respetar sus tradiciones, es necesario luchar por sus derechos, que son, en el fondo, los mismos que los nuestros: futuro, empleo, casa, alimento, vida digna. Libertad.
El objetivo ambicioso y amplio que mencioné en el primer párrafo de este texto no puede ser otro más que la caída del gobierno de Felipe Calderón y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, en la cual los grupos de la sociedad civil organizada: indígenas, trabajadores, estudiantes, intelectuales, se vean representados. Es momento de que México abandone su retraso en la construcción de modelos de justicia social. Es momento de devolver el país a sus pobladores, y arráncarlo de las manos poderosas del capital.
